Anoche, en una conversación sobre arte me retaron a que escribiera algo sobre el Boudoir, que es un espacio más simbólico que real, salvo que se tenga mucho dinero, y que está a medio camino entre el baño y la peinadora de una dama.
Es un espacio simbólico porque si no existe en físico, si existe como espacio espiritual de nuestras mujeres donde y cuando ellas no quieren tener presencia masculina.
Al Boudoir la mujer solo va con sus amigas y a conversar en la intimidad de sus cuitas personales. Por supuesto, como su nombre lo indica es una idea francesa que habitó en los castllos y mansiones de la aristocracia y la alta burguesía francesa.
La cosa se complicó cuando el Marqués de Sade publicó hacia finales del siglo XVIII su Filosofía del Boudoir, el cual no he leído, pero como Sade tenía tan mala fama por sus preferencias sexuales, terminó desprestigiando al boudoir y presumo que por ser un santa sanctorum femenino, nos generaba malsana envidia y curiosidad a los hombres de la época.
Preguntando por su significado, las damas opinan que es una suerte de vestier, otras lo consideran una antecámara de la habitación y otras lo consideran el espacio de la peinadora. Pero en la Venezuela colonial tardía hasta la Independencia y poco después existió un espacio con esas características llamado Paraqué.
Era el Paraqué la habitación que quedaba frente a la antesala y la primera en la ristra de las habitaciones laterales de la casa colonial que tenía al menos tres ventanas, y antes del cuarto principal del matrimonio, pues la sifrinería caraqueña clasificaba el valor de la gente por el número de ventanas de una casa y vivir en una de tres o cuatro ventanas eran el gran símbolo de status para la gente acomodada, mientras las de dos ventanas era para la gente clase media y la de una para la pobrería.
En el paraqué la mujer se instalaba cuando estaba enferma para recibir a sus amistades, o para dar a luz, incluso para ser velada a su muerte. Con el tiempo y con los cambios sociales y económicos el boudoir fue anexado al salón de recibir donde estaban las ventanas y lo mejor del mobiliario, o como habitación de oficina del dueño de la casa, incluso de cuarto de la hija mayor que lo transfomó a veces en un verdadero boudoir para fumar a escondidas o para escribir y recibir a las amigas hacia la época de Guzmán Blanco hasta que la vieja casa caraqueña fue demolida en la época de Pérez Jiménez.

Y haciendo un ejercicio de memoria al no tener a mano mis archivos, creo que tanto Herrera Toro como Federico Bradt tienen al menos una pintura de un boudoir y los maestro Lopez Mendez, Alvarez de Lugo y Fidel Santamaría eran aficionados a pintar mujeres peinándose ante el espejo, lo que convencionalmente se considera pintura sobre el boudoir. También Rafael Monasterios pintó a su hija Violeta en una suerte de Chaisse long y tengo un par de fotos de época donde aparece una dama sentada en la misma posición leyendo en ese sofá que la dama en el cuadro de Monasterios y ambas fotos tienen en el reverso la identificación de boudoir.

Por supuesto, todo el arte francés desde finales del siglo XIX y la pintura manierista italiana están llenas de pinturas teniendo escenarios como boudoir, en especial impresionistas y postimpresionistas como son muchos de los pasteles y pinturas de Degas o de Renoir con mujeres bañandose, y Toulouse Lautrec si allí incluimos a las prostitutas pelirrojas bañandose en tinas que eran sus amigas y confidentes.

También otros posteriores que asumieron el intimismo como Bonnard o Vuillard, y pintores menores como Marie Laurencin y Mane Katz. Pocos elementos definen al boudoir, primero le existencia de mujeres solas, la ausencia de hombres, una mezcla de actividad de aseo y embellecimiento.

La primera foto es de 1900 con una mujer ante el espejo, luego otra foto desvaida de una mujer saliendo de la tina delante de su mucama en 1890, después una pintura de Jules Scalbert, un pintor pompier de finales de 1800 con dos mujeres acicalandose y por último el boudoir del Palacio Nieborow en Polonia para finales del siglo XIX

Por Nicomedes Febres Luces